ALLAM: EL REPOSO EN LA VERDAD
El reciente bautismo por el Papa Benedicto XVI del periodista ítalo-egipcio Magdi Allam, antiguo crítico del fundamentalismo musulmán, el día de Pascuas de Resurrección, revela un rasgo que se está tornando inequívoco de su pontificado. Me refiero al gesto, pausado pero persistente, del Papa Ratzinger en afirmar que lo que importa de la vida es la búsqueda y sobre todo, el encuentro del ser humano con la verdad, búsqueda que solo puede darse de modo personal en el ejercicio de la libertad, de la primera libertad humana, la religiosa. Las crisis del mundo actual, pobreza, violencia, ignorancia, injusticia, son, fundamentalmente, crisis de sentido último de la existencia de cada uno, crisis del sentido religioso.
El mismo Allam se ha hecho eco de la atracción, búsqueda de sentido: su conversión, obra de la gracia, pero fruto también de una educación que tuvo sus contenidos católicos, fue estimulada por la fascinación hacia la belleza de aquello que hace digna la vida humana, Cristo. Seamos sinceros; la vida no deja de ser una ilusión pasajera, vana, esquiva. Ponemos demasiado énfasis en realidades, muchas veces pueriles, aun cuando las mismas nos suenen de alguna importancia. Pero nada, nada limitado, finito, satisface el deseo último de felicidad humana. A veces estamos tentados de creer en un Cristo ideal, fruto de nuestra imaginación, cuando que el rostro de su Presencia se da en la Iglesia peregrina y pecadora, como en esa liturgia de Pascua que recibió a Allam en su búsqueda de la dignidad humana.
Pero lo notable del gesto de este encuentro con la verdad que se da en el bautismo de Allam es la otra dimensión, la de la libertad de hacerlo, la libertad religiosa como una afirmación de la razonabilidad de la fe en una sociedad pluralista, y además como gesto público, propuesta tan propia al corazón de Ratzinger. Si la fe y la vida que genera la misma no es pública, no es nada. La novedad del Cristianismo siempre ha sido que hace la vida mas humana; ¿por qué y cómo, entonces, reducirlo a la esfera privada?
La experiencia de la fe es personal, pero abierta también a la posibilidad de la experiencia de otros. La intelligentzia laicista como la fundamentalista musulmana no ha visto eso; solo habla en lenguaje político; habla de provocación y de declaración de guerra, acusa de fanatismo y de hostilidad cultural por parte del pontífice. Nada de eso. Es simplemente la afirmación de algo propio, de una experiencia que se ha dejado de lado e ignorado en el mundo contemporáneo: la de que solo el reposo en la verdad hace que el ser humano sea más conciente de su propia dignidad incanjeable. Repárese, respecto a esto, el “cálculo utilitario” de Allam: su elección pone aun más en peligro su vida pero aun así, lo hace más pleno, más feliz. Es sí, si se quiere, el reposo del alma, que inquieta encuentra su lugar al decir de San Agustín.
Lo que nos lleva precisamente al camino y “estrategia” del cristianismo propuesto por Ratzinger para el siglo XXI: el de la búsqueda de la verdad en libertad, a pesar del peligro que la misma entraña. Lejos está todo esto de ese escapismo hedonista o de caminos “espiritualistas y gnósticos” o ideológicos a que es tan afecta gran parte de la cultura y juventud actual. ¿Se puede entender realmente lo que venimos diciendo en medio del electoralismo y politicismo que nos envuelve? Posiblemente no. El ejemplo de Allam parecerá lejano, cuando no piadoso o intelectualmente pedante a más de un paraguayo. Pero justamente, ése es nuestro problema, el problema en todo momento de crisis: la del sentido, pues lo esencial es invisible a los ojos como diría el Principito de Saint-Exupery. Es que sólo se comprende con el corazón y si éste no esta dispuesto, no hay caso. Solamente una actitud abierta acepta la verdad, la que afecta profundamente al ser humano que lo cobija, le da reposo. Y para que eso ocurra, sólo queda la espera. No olvidemos que el tiempo es también Gracia.
Artículo publicado el 5 de abril de 2008 en el Diario Ultima Hora

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