June 23, 2008

ALLAM: EL REPOSO EN LA VERDAD

El reciente bautismo por el Papa Benedicto XVI del periodista ítalo-egipcio Magdi Allam, antiguo crítico del fundamentalismo musulmán, el día de Pascuas de Resurrección, revela un rasgo que se está tornando inequívoco de su pontificado. Me refiero al gesto, pausado pero persistente, del Papa Ratzinger en afirmar que lo que importa de la vida es la búsqueda y sobre todo, el encuentro del ser humano con la verdad, búsqueda que solo puede darse de modo personal en el ejercicio de la libertad, de la primera libertad humana, la religiosa. Las crisis del mundo actual, pobreza, violencia, ignorancia, injusticia, son, fundamentalmente, crisis de sentido último de la existencia de cada uno, crisis del sentido religioso.

El mismo Allam se ha hecho eco de la atracción, búsqueda de sentido: su conversión, obra de la gracia, pero fruto también de una educación que tuvo sus contenidos católicos, fue estimulada por la fascinación hacia la belleza de aquello que hace digna la vida humana, Cristo. Seamos sinceros; la vida no deja de ser una ilusión pasajera, vana, esquiva. Ponemos demasiado énfasis en realidades, muchas veces pueriles, aun cuando las mismas nos suenen de alguna importancia. Pero nada, nada limitado, finito, satisface el deseo último de felicidad humana. A veces estamos tentados de creer en un Cristo ideal, fruto de nuestra imaginación, cuando que el rostro de su Presencia se da en la Iglesia peregrina y pecadora, como en esa liturgia de Pascua que recibió a Allam en su búsqueda de la dignidad humana.

Pero lo notable del gesto de este encuentro con la verdad que se da en el bautismo de Allam es la otra dimensión, la de la libertad de hacerlo, la libertad religiosa como una afirmación de la razonabilidad de la fe en una sociedad pluralista, y además como gesto público, propuesta tan propia al corazón de Ratzinger. Si la fe y la vida que genera la misma no es pública, no es nada. La novedad del Cristianismo siempre ha sido que hace la vida mas humana; ¿por qué y cómo, entonces, reducirlo a la esfera privada?

La experiencia de la fe es personal, pero abierta también a la posibilidad de la experiencia de otros. La intelligentzia laicista como la fundamentalista musulmana no ha visto eso; solo habla en lenguaje político; habla de provocación y de declaración de guerra, acusa de fanatismo y de hostilidad cultural por parte del pontífice. Nada de eso. Es simplemente la afirmación de algo propio, de una experiencia que se ha dejado de lado e ignorado en el mundo contemporáneo: la de que solo el reposo en la verdad hace que el ser humano sea más conciente de su propia dignidad incanjeable. Repárese, respecto a esto, el “cálculo utilitario” de Allam: su elección pone aun más en peligro su vida pero aun así, lo hace más pleno, más feliz. Es sí, si se quiere, el reposo del alma, que inquieta encuentra su lugar al decir de San Agustín.

Lo que nos lleva precisamente al camino y “estrategia” del cristianismo propuesto por Ratzinger para el siglo XXI: el de la búsqueda de la verdad en libertad, a pesar del peligro que la misma entraña. Lejos está todo esto de ese escapismo hedonista o de caminos “espiritualistas y gnósticos” o ideológicos a que es tan afecta gran parte de la cultura y juventud actual. ¿Se puede entender realmente lo que venimos diciendo en medio del electoralismo y politicismo que nos envuelve? Posiblemente no. El ejemplo de Allam parecerá lejano, cuando no piadoso o intelectualmente pedante a más de un paraguayo. Pero justamente, ése es nuestro problema, el problema en todo momento de crisis: la del sentido, pues lo esencial es invisible a los ojos como diría el Principito de Saint-Exupery. Es que sólo se comprende con el corazón y si éste no esta dispuesto, no hay caso. Solamente una actitud abierta acepta la verdad, la que afecta profundamente al ser humano que lo cobija, le da reposo. Y para que eso ocurra, sólo queda la espera. No olvidemos que el tiempo es también Gracia.

Artículo publicado el 5 de abril de 2008 en el Diario Ultima Hora

¿RES-PRIVATA O RES-PUBLICA?

PARA ADEC- Set 23 - 2006

Una república no es solamente una forma de estado y de gobierno opuesta a una monarquía o tiranía sino, y esto es lo más decisivo, es sobre todo contraria – en la actitud, el gesto, la propuesta – a toda forma familiar de favoritismo, de nepotismo, de hacer de la cosa publica cosa familiar. Republica no es, por lo tanto, “Res-privata” (cosa privada o gobierno de los parientes). Y nótese bien a esto; hablamos de gesto, de actitud, de una serie de signos y señales que indican una forma de hacer, de gobernar, pero tambien de vivir y de pensar.

De ahi que el intento de burdo nepotismo reciente no es grave por el hecho en si – esos han sido los signos anti-republicanos permanentes del populismo paraguayo que animan los partidos politicos – sino la ausencia de mecanismos para evitar que se produzcan primeramente, la sanción a los que intentan en segundo lugar y finalmente, las condiciones que se requieren para ser parte de la administracion pública. La herencia populista, que hace del Estado la fuente de “justicia social,” no ofrece – creo que intencionalmente – mecanismos para decir no a los favoritos del poder. ¿Por que esta “mala fe”?

Yo sugeriria una razon fundamental: la meta es generar funcionarios leales, no eficientes, dependientes, no con iniciativa. Es la politica de generar funcionarios publicos-clientes no funcionarios publicos-ciudadanos. Nuestro sistema no es republicano en realidad sino en los papeles. En la realidad somos una res-privata, cosa publica de los amigos. Si una persona es nombrada porque es sobrino o sobrina del presidente o hermana del ministro o primo del Juez, y no por capacidad propia (cuya determinación tampoco aparece clara) entonces la “lealtad” familiar elimina toda sospecha posible de ineficiencia.

Y hay más. Lo patético en el sistema paraguayo es la irracionalidad del sistema adminsitrativo que solo busca generar fidelidades politicas necesarias para futuras elecciones. Asi, empleo publico, familia de sangre y amiguismo, e partido politico, forman parte de una cultura-clientelista que embebe a casi todos. Es lo que se sintetiza en la frase lúgubre del para qué se quiere el poder sino es para mandar.Lo que no dejaría de ser una anécdota apetecible para el regocijo de chismerios politicos pero, lastimosamente, denota algo mas profundo en el sistema.

Muestra las raices profundas de una cultura social (y no solo politica) que “espera” las soluciones del

“otro” y no tiene confianza (ni sabe cómo) en la iniciativa personal. Una cultura, modo de hacer las cosas, que abarca sectores privados y publicos. Es la cultura del estudiante que desea que el estado le de trabajo y no sepa como él puede generar una empresa, o del empresario que gestiona un subsidio estatal en vez de competir, o del padre de familia que en vez de incentivar la creatividad de sus hijos, llama al amigo en algun ministerio para encontrarle trabajo, o del profesional que busca la asesoria estatal en vez del riesgo de abrir su propio estudio.

Esa es la cultura anti-republicana , pegajosa y abarcante, cultura de “habitante” no de ciudadano– la de un individuo sin conciencia de su propia responsabilidad– que delega su libertad, y el riesgo que la misma conlleva, apoyandose en el favor del otro. Y me temo, que la costumbre de “echar culpas” al otro – sea este Nicanor o Lugo – no soluciona ni toca siquieran la superficie del problema. Nicanor y Lugo, Omar o Pompeyo, y todos los que vengan no seran sino culpables y victimas del mismo sistema. Ese otro responsable no existe; los responsables somos todos que nos cuesta asumir el riesgo de nuestro propia libertad. La republica empieza por cada uno, es auto-gobierno.

Mario Ramos-Reyes

June 02, 2008

“Faith, reason and the heart is strongly influenced by our sense of wonder at the miracle of the human person –at man’s likeness to the Triune God, at the immensely profound bond between love and truth, at the mystery of mutual self-giving and the life that it generates, at our reflection on the succession of human generations.”

John Paul II

CONDICIONES PARA UNA REPUBLICA DEMOCRATICA Y PLURAL

ADEC – Noviembre 4 - 2006

Lo ideal en una república debería ser acuerdo, consenso, no mero mando, imposición. La propuesta persuasiva del gobierno se debe a que la idea es que el mismo administra intereses de todos, no de un grupo. Es por eso por lo que, en una sociedad con contrastes de intereses, ello no siempre es posible; a veces un grupo mayoritario toma el liderazgo, la iniciativa y ahoga a los demás. Lo real se convierte entonces en el respeto a los intereses de las minorías; dando lugar a lo que denominaría, una vida plural. En el corazón de la República, como ya lo habiamos expresado antes, el gobierno debe equilibrar intereses y pasiones. Eso hace, más que ninguna otra cosa, que la misma, sea plural, es decir, auténticamente democrática.

Pero veamos, además que otras condiciones son necesarias para hacer de un sistema una república democrática, plural. En primer lugar, la afirmación indubitable del individuo, de la persona. Si es una sistema de todos, la totalidad implica que cada individuo es incanjeable, irrepetible. Se debe afirmar al otro. Nótese que esto es fundamental: si se respeta realmente al otro, no se puede imponer una voluntad sobre el mismo sino escucharlo: él o ella también son partes. No es pues la mayoría exclusivamente la que posee derechos sino él, ella, yo, todos. Esto no es fácil pues cada uno posee una serie de creencias, una visión de la realidad que trata de vivirlas y hacer que otros también las vivan.

De ahí la tentación a imponer nuestras creencias a otros, lo que implica no pocas veces cierta violencia legal ni qué decir sicológica o moral. Por eso es fundamental que una república cobije a todos los sujetos o comunidades, afirmando al identidad de cada uno; evitando la homogeneización que trae el populismo o la mera creación de grupos desde el poder. Ello nos lleva a una segunda condición, la del pluralismo no relativista. ¿Que quiere decir esto? Pluralismo republicano supone que todas y cada una de las formas de vida - los sujetos o comunidades que deciamos anteriormente - tengan cabida pero haciendo la salvedad que no todo vale lo mismo.

Así, dicha inserción y modo plural de vida no supone la eliminación de las diferencias - lo que hace que un grupo difiera del otro - sino todo lo contrario: implica la afirmación de la convivencia entre grupos diferentes, dispares. Repárese que no es lo que nos une lo que nos hace tolerantes, sino el respetar, incluso amar aquello que nos separa. Unidad a cualquier costo es obra de dictadoras; pluralidad con diversas identidades es tarea de republicanos. Si cada ciudadano o grupos de ciudadanos no pueden proponer lo que es su vida y dialogar sobre ello, solo quedará una sociedad amorfa y apática sin capacidad para el diálogo, que será presa fácil del poder o de grupos hegemónicos, no un sistema de ciudadanos libres e independientes.

Finalmente, una república democrática y plural exige una actitud de desconfianza en el liderazgo político. Esto suena a contradicción, una afirmación absurda pero apenas se la mira de cerca no lo es tal. Una república es, permítaseme insistir una vez más, cosa de todos. No es el liderazgo político ni de politicos, ni sus cualidades extraordinarios el armazón que la harán eficiente sino la participación y el apoyo de grupos y comunidades en la pluralidad de manifestaciones culturales. La sobrevaloración de políticos y la espera y confianza casi mesiànica en ellos es cualquier cosa menos una actitud republicana. Esta forma de pensar implicaría que los individuos o partidos o bien políticos serían los únicos instrumentos capaces de solucionar los males ciudadanos. Y apenas son parte. La república es otra cosa; es institucion, institucional, plural; es en fin democrática; mas un sistemas de leyes que una propuesta de seres providenciales.

Mario Ramos-Reyes

¿ Sera que confiamos mas en los lideres que las instituciones?

Diálogo, ética y democracia

Autor: Mario Ramos-Reyes PhD | Fuente: Adec.org.py
Diálogo, ética y democracia

Mario Ramos-Reyes (Adec.org.py) habla de la sustancia ética de la democracia, del diálogo atento a la razón del otro y la persuasión de la verdad.

Diálogo, ética y democracia
Diálogo, ética y democracia

“Nadie se equivoca jamás del todo”
Jacques Maritain

El peligro de desintegración social es real en las sociedades. Pero desintegración significa aquí, no necesariamente ruptura, caos o guerra civil, sino una descomposición social donde cada grupo e individuo defiende, sin importa las razones del otro, su posición a rajatabla, porque la misma avanza sus intereses. Cualquier propuesta de reflexión y de ver la situación desde otro ángulo es tenida como traición al grupo, cuando no de herejía simple y llana. ¿Resultado? Una sociedad compuesta única y exclusivamente de intereses sectarios, sean políticos, económicos o religiosos, pero sin bien común, donde el diálogo es mera ficción.

Ese fue el análisis, precisamente, que adelantamos la semana pasada; la triste experiencia de la realidad de nuestro país; un país desintegrado donde la pérdida de la razonabilidad y la condena de facto, - inventando, manipulando datos, y argumentos - que mas da -, pues la difamación, habladurías y la intriga no tienen consecuencias, al igual que la corrupción, de todo aquel que disiente en lo más mínimo con la “ortodoxia” de las partes. La toma obligada de posición deviene así en una falsa dicotomía, un perverso maniqueísmo de tener que estar “a favor o en contra de Casado” (como de cualquier otro tema) permitiendo que cualquier posición se juzgue por la otra parte como anatema o delito de lesa humanidad. Los pedidos de razonabilidad – sin estar a favor de uno ni de otro sino pidiendo ver todo el contexto - como lo hicimos con un grupo de amigos a título personal como católicos responsables en cuestiones coyunturales totalmente opinables, no dogmáticas.

El diálogo es otra cosa; es escuchar las razones del otro y sobre todo; saber negociar, llegar a un compromiso en donde las partes ceden en algo pero ganan en algo. Nadie gana todo en todo, a menos que se sea totalitario. Diálogo es preguntar al otro las razones del por qué de su posición, y no descalificar al crítico personalmente, en una usina de rumores y conspiraciones imaginarias.

Diálogo es en justicia prestar atención y tener en cuenta a todas las partes en disputa. Salvar la proposición del otro, decía San Ignacio de Loyola; no ridiculizarla. La burla, después de todo, no es argumento. El “acuerdo” en donde una de las partes “gana todo” es simplemente reminiscencia de aplanadoras políticas de épocas autoritarias supuestamente idas. El Paraguay urgentemente necesita de mesura y equilibrio, la palabra conciliatoria, no oportunista, de un presidente estadista, el diálogo razonado, no demagógico de sus legisladores; la llamada convocante de sus obispos y lideres religiosos, hoy lamentablemente, en gran medida ausente, sólo reemplazada por triunfalismos mediáticos y populistas.

Acaso debamos memorizar aquella expresión que mi maestro Jacques Maritain - vilipendiado mas de una vez por tomar posturas impopulares incluso dentro de nuestra amada Iglesia Católica -, quien siempre repetía: “nadie se equivoca jamás del todo.” No hay ningún error que no reciba cierta fuerza de persuasión de una verdad entrevista, pero poco individualizada en si misma y envuelta en una conceptuación falsa.

Hasta los “herejes” y “extranjeros” tienen algo que decirnos. Eso es realismo; fijarnos en todos los factores, atenernos a los hechos en que se dice algo, no en quien lo dice ni en su circunstancia, ni en el rechazo personal que pudiéramos tener. Las verdades que ellos han entrevisto no se deben despreciar sino que se deben salvar desprendiéndolas del sistema en que se ensartan. Esa es la sustancia ética de una democracia; el meollo del dialogo es estar atento al logos, es decir, a la razón del otro. El resto es mera caricatura democratista.

BENEDICTO XVI: PENSAR CON LA IGLESIA V

La fe es razonable

PARA LA ADEC – 23 de Mayo

¿Cuál ha sido, al fin de cuentas,  el fondo de los mensajes de Benedicto XVI en su visita a EEUU? El que la fe no es una cuestión de sentimientos ni de afectos sino de razón. La fe es razonable. Lo que pareceria una contradicción. Para más de uno, la religión se encontraria más allá de todo sentido común. Seria lo “no-cientifico,” o dicho a la manera Ratzinger, “arbitraria.” La fe que es razonable seria una fuerza de un Infinito caprichoso que mandaria a realizar acto inauditos, contrarios, ajenas a la vida. Pero si algo tiene la fe es precisamentre lo contrario; es una exeperiencia que nos ayuda a confrontrar la realidad, las cosas de cada dia. No a crearlas pues la realidad de las mismas esta dada, se nos da con la vida misma, sino a valorarlas en relacion con el infinitio, con nuestro destino final.

Esta postura, la de la razonabilidad de la fe, la de que la misma hace nuestra vida feliz y motivo exhilarante para trabajador por la justicia, y buscar la verdad de las cosas es precisamente, la que, en cierto modo, el Papa Benedicto XVI afirmo como herencia comun con otras tradiciones religiosas en el encuentro ecumenico. ¿Cual ecumenismo? Aquel, dijo Raztzinger, que nace del apetito y del deseo del corazon de discernir las preguntas mas fundamentales sobre la verdad, y el destino de la humanidad. En ello, todas las tradiciones religiosas poseen cierta comun unidad, unidad de historia y revelacion comun con la tradicion judía.

¿Por qué es importante este encuentro, diálogo interreligioso?Existen numerosas razones siendo, tal vez, la fundamental, la co-existencia y el deber de construir una sociedad, una democracia plural, donde todas las familias religiosas tengan una voz y una participación real. Las respuestas aparentemente distintas de éstas a los problemas comunes no debe ser argumento para no buscar acuerdos básicos. Dichos acuerdos, dijo Ratzinger, serán sobre valores comunes, no cabe duda, pero tambien, enfatizó, dichos valores no deben olvidar que obedecen a ciertos fundamentos ultimos que nos llevan a la verdad, que nos remiten a Dios. Sin esa ultimidad, los valores “flotaran” en meros consensos en donde la tirania de algunos o la las mayorias determinaran la suerte de la condicion humana.

Es de advertir, que esa participación, la de la razonabilidad de la fe, que Ratzinger propone y en cierta manera coincide con la de otras confesiones, es lo que rechaza de plano el secularismo autosuficiente. La religión, por eso, es acusada de “irracionalismo” por lo que debe recluirse a lo privado, a la conciencia individual. Nada tiene que decir sobre politicas públicas. Lo que contradice la experiencia, precisamente, del la laicidad positiva, como habiamos escrito en otros articulos, del republicanismo que caracterizo a la republica americana donde hombres de fe generaron un sistema en donde al sistema de pesos y contrapesos constitucional balanceaba la posibilidad del vicio o la corrupcion de los mismos. Al decir de John Adams, la Constitucion fue hecha para personas con sentido moral.

5. Recapitulado. La cuestion de una democracia pluralista, sugirio Ratzinger, es la de la identidad de sujetos. Nuestra propuesta, las razones viene del Logos, de Cristo, de la razonabilidad de la fe. Esa es la postura clara, definida, consciente. ¿Por que es importante? Porque si es clara, no será definida ni manipulada por el poder, por nadie. Molestara eso si, al relativismo bien pensante pero si se piensa en un regimen republicano, la claridad e identidad clara de las posturas es una condición necesaria para el mismo. Esa es, a la postre, la verdad de la paz .

Mario Ramos-Reyes

Allam: El Reposo en la Verdad

El reciente bautismo del periodista ítalo-egipcio Magdi Allam, antiguo crítico del fundamentalismo musulmán, el día de Pascuas de Resurrección por el Papa Benedicto XVI, revela un rasgo que se esta tornando inequívoco de su pontificado. Me refiero al gesto pausado pero persistente del papa Ratzinger en afirmar que lo que importa  de la vida es la búsqueda y sobre todo, el encuentro del ser humano con la verdad, búsqueda que solo puede darse  de modo personal en el ejercicio de la libertad, de la  primera libertad humana, la religiosa. Las crisis del mundo actual, pobreza, violencia, ignorancia, injusticia, son, fundamentalmente, crisis de sentido último de la existencia de cada uno, crisis del sentido religioso.

El mismo Allam se ha hecho eco de la  atracción, busqueda de sentido: su conversión,  obra de la gracia, pero fruto también de una educación que tuvo sus contenido católico fue estimulada por la  fascinación hacia la belleza de aquello que hace digna la vida humana, Cristo.  Seamos sinceros; la vida no deja de ser una ilusión pasajera, vana, esquiva. Ponemos demasiado enfasis en realidades, muchas veces pueriles aun cuando las mismas nos suenen de alguna importancia. Pero nada, nada limitado, finito, satisface el deseo último de felicidad humana. A veces estamos tentados de creer en un Cristo ideal, fruto de nuestra imaginación, cuando que el rostro de su Presencia se da en la Iglesia peregrina y pecadora, dada en esa liturgia de Pascua que recibió a Allam en búsqueda de la dignidad humana.

Pero lo notable del gesto de este encuentro con la verdad que se da en el bautismo de Allam es la otra dimensión, la de la libertad de hacerlo, la libertad religiosa como una afirmación de la razonabilidad de la fe en una sociedad pluralista,  y además como gesto público, propuesta tan propia al corazón de Ratzinger. Si la fe y lo vida que genera la misma no es pública no es nada. La novedad del Cristianismo siempre ha sido que hace la vida mas humana; ¿porque y cómo entonces reducirlo a la esfera privada?

La experiencia de la fe es personal pero abierta tambien a la posibilidad de la experiencia de otros. La intelligentzia laicista como la fundamentalista musulmana no ha visto eso; solo habla en lenguage político; habla de provocación y de declaración de guerra,  acusa de fanatismo y de hostilidad cultural por parte del pontífice. Nada de eso. Es simplemente la afirmación de algo propio, de una experiencia que se ha dejado de lado e ignorado en el mundo contemporáneo; la  de que solo el reposo en la verdad hace que el ser humano sea más conciente de su propia dignidad incanjeable. Repárese respecto a esto el “cálculo utilitario” de Allam: su elección pone aun mas en peligro su vida pero aun asi, lo hace mas pleno, mas feliz. Es si, si se quiere, el reposo del alma que inquita encuentra su lugar al decir de San Agustin.

Lo que nos lleva precisamente al camino y “estrategia” del cristianismo propuesto por Ratzinger para el siglo XXI: la de la búsqueda de la verdad, en libertad, a pesar del peligro que la misma entraña. Lejos está todo ésto de ese escapismo hedonista o de caminos “espiritualistas y gnósticos “ o ideológicos a que es tan afecta gran parte de la cultura y juventud actual. ¿Se puede entender realmente lo que venimos diciendo en medio del electoralismo y politicismo que nos envuelve? Posiblemente no. El ejemplo de Allam  parecerá lejano, cuando no piadoso o intelectualmente pedante a más de un paraguayo. Pero justamente, ése es nuestro problema, el problema en todo momento de crisis: la del sentido, pues lo esencial es invisible a los ojos como diría el Principito de Saint-Exupery. Es que sólo se comprende con el corazón y si este no esta dispuesto, no hay caso. Solamente una actitud abierta acepta la  verdad, la que afecta profundamente al ser humano que lo cobija, le da reposo. Y para que eso ocurra, sólo queda la espera. No olvidemos que el tiempo es también Gracia.

Publicado en el Diario Ultima Hora de Asuncion Paraguay, Abril 5/2008

Propiedad ¿Pero cual derecho?

Los conflictos sobre el derecho de propiedad no son nuevos. No son histórica ni conceptualmente nacidos ayer. Ni es novedosa la interpretación constitucional contradictoria que, entre nosotros, se haga del mismo. Es que una noción clara de qué sea la propiedad, privada o comunal, municipal o estatal, industrial o la que fuere, es resbaladiza, y las más de las veces contaminada de prejuicios ideológicos e intereses creados. No es la ley sino el como se quiere que la ley sea o diga, lo que, a la postre, parecería importar.  La ley se reducirá, entonces, al “sentimiento” que poseemos de ella. No obstante, y en esto se debe ser claro, o al menos eso intento hacer, en que cualquiera sea la noción de la misma encarnada en la ley, la misma debe cumplirse. Es que estado de derecho es precisamente eso, estado de la ley, del imperio o la dictadura de la misma.

Pero si esto es así, si la ley fundamental prescribe, garantiza la propiedad, privada en este caso, ¿de dónde viene la dificultad entonces? Me atrevería a sugerir que viene de la ambigüedad de la propia norma constitucional. ¿Cómo sería esto? Si nos atenemos a la primera parte del articulo respectivo, el 109, se nos garantiza la propiedad privada con los contenidos y limites establecidos por la ley, garantizando al mismo tiempo, la posibilidad de ser accesible a todos.  Como se ve, el artículo mezcla de manera llamativa dos concepciones del derecho, la realista o negativa y la normativista o positiva.

La primera, es  mas clásica, realista como se llama, donde el derecho es referido a la cosa debida en justicia. Por ejemplo, la casa donde habito es mía, me pertenece, o el dinero que poseo también es de mi propiedad. El derecho deviene así a la cosa debida: mi vivienda o dinero; y nadie me lo puede usurpar. Así el realismo jurídico establece que el derecho refiere a lo que a uno le corresponde y para ello posee títulos; de ahí, al decir de los clásicos, el derecho, y lo justo –lo que se ajusta a derecho conforme al titulo que se posee– son uno y lo mismo. De ahí que tengo derecho a repeler, por eso es negativa –impedir que se me niegue al uso- repeler todo intento de violación de mi propiedad. Como vemos, el derecho de propiedad presupone la realidad de la cosa, poseo y ejercito tal derecho pues tengo la cosa. Suficiente, por ahora, la primera perspectiva.

La segunda, que parecería indicar la segunda parte del artículo constitucional mencionado, sugiere la garantía del derecho de propiedad a aquellos que aún no tienen la cosa. Esta vía del derecho, más voluntarista o normativista, como se la llama, hace hincapié en la pretensión de exigir del individuo. Derecho, así, no refiere a la cosa –que aún no se la posee–, sino a la facultad de exigir la misma. O expresado de manera tal vez más sencilla: la propiedad es la facultad de exigir un pedazo de tierra porque eso seria justo al sujeto que reclama.  Justo, pues no se la tiene. Así, el voluntarismo jurídico convertirá en derechos muchos reclamos sin decir el modo de financiarlos u obtenerlos; derecho al trabajo, a la salud, al matrimonio homosexual, al aborto, a la muerte digna, etc., etc., hasta el infinito. El fundamento es el querer.

Todo esto último parecería plausible si no fuera por el cómo y al qué se refiere la pretensión. Reparemos en que si, la propia norma constitucional que garantiza la propiedad al que no tiene, no indica la manera de hacerla realidad, el como se pagaría o a quién se le expropiaría o confiscaría para asignarle al que no tiene, entonces la misma es mera demagogia legal-constitucional. Solo se estaría garantizando un derecho positivo, a poseer algo sin indicar el cómo, convirtiendo a la norma fundamental en mera demagogia constitucional. De ahí la raíz de la disputa: el deseo de “consensuar” el artículo ha conspirado con la identidad del mismo; mezclando el orden estrictamente legal-realista del derecho con uno más político-ideológico como la facultad de exigir cosas aún cuando no se sepa cómo. Pero consensuar no implica mero eclecticismo o sincretismo demagógico. Una cosa es el derecho como garantía de la cosa poseída y otra distinta, la posibilidad de obtenerla. Por eso las constituciones deben ser mínimas, huyendo del reglamentarismo y explicitacion innecesaria: para eso esta la ley, o los vaivenes legislativos y judiciales. Para eso esta la tarea de pensar, aunque, a estar por lo que se discute, parecería que el ser humano es un animal afectivo o sentimental o bien ideológico.

Artículo publicado el  31 de mayo de 2008 en el Diario Ultima Hora

PROPIEDAD SI: ¿PERO CUAL DERECHO?

PARA LA ADEC – 1 de junio

Las conflictos sobre  el derecho de propiedad no son nuevos. No lo son histórica ni conceptualmente nacidos ayer. Ni es novedosa la interpretación constitucional contradictoria que, entre nosotros, se haga del mismo. Es que una noción clara de qué sea la propiedd, privada o comunal, municipal o estatal, industrial o la que fuere, es resbaladiza, y las mas de las veces contaminada de prejuicios ideológicos e intereses creados. No es la ley sino el como se quiere que la ley sea o diga lo que, a la postre, pareceria importar. La ley se reducirá, entonces, al “sentimiento” que poseemos de ella. No obstante,  y en esto se debe ser claro, o al menos eso intento hacer, en que cualquiera sea la nocion de la misma encarnada en la ley, la misma debe cunplirse. Es que estado de derecho es precisamente eso, estado de la ley, de la dictadura de la misma.

Pero si ésto es así, si la ley fundamental prescribe, garantiza la ropiedad, la privada en este caso, ¿de donde viene la dificultad entonces? Me atreveria a sugerir que, viene, de la ambiguedad de la propia norma constitucional. ¿Cómo seria esto? Si nos atenemos a la primera parte del articulo respectivo, el 109, se nos garantiza la propiedad privada con los contenidos y limites establecidos por la ley, garantizando al mismo tiempo, la posibilidad de ser accesible a todos. Como se ve, el articulo mezcla de manera llamativa dos concepciones del derecho, la realista o negativa y la normativista o positiva.

La primera, es mas clásica, realista como se llama, donde el derecho es referido a la cosa debida en justicia. Por ejemplo, la casa donde habito es mia, me pertenece, o el dinero que poseo tambien es de mi propiedad. El derecho deviene asi a la cosa debida: mi vivienda o dinero; y nadie me lo puede usurpar. Asi el realismo juridico establece que el derecho refiere a lo que a uno le corresponde y para ello posee titulos; de ahi, al decir de los clásicos, derecho, y lo justo – lo que se ajusta a derecho conforme al titulo que se posee – son uno y lo mismo. De ahi que tengo derecho a repeler, por eso es negativa –impedir que se me niegue al uso - repeler todo intento de violación de mi propiedad. Como vemos, el derecho de propiedad presupone la realidad de la cosa, poseo y ejercito tal derecho pues tengo la cosa. Suficiente por ahora la primera perspectiva.

La segunda, que pareceria indicar la segunda parte del articulo constitucional mencionado, sugiere la garantia del derecho de propiedad a aquellos que aun no tienen la cosa. Esta via del derecho, mas voluntarista o normativista como se la llama, hace hincapié en la pretension de exigir del individuo. Derecho asi no refiere a la cosa –que aun no se la posee – sino a la facultad de exigir la misma. O expresado de manera tal vez mas sencilla: la propiedad es la facultad de exigir un pedazo de tierra porque eso seria justo al sujeto que reclama. Justo pues no se la tiene. Asi, el voluntarismo juridico convertira en derechos muchos reclamos sin decir el modo de financiarlos ; derecho al trabajo, a la salud, al matrimonio homosexual, al aborto, a la muerte digna, etc etc hasta el infinito. El fundamento es el querer.

Todo esto ultimo pareceria plausible si no fuera por el cómo y al qué se refiere la pretension. Reparemos. Si la propia norma constitucional que garantiza la propiedad al que no tiene no indica la manera de hacer realidad, el como se pagaria o a quien se le expropiaria o confiscaria para asignarle al que no tiene, entonces la misma es mera demagogia legal-constitucional. Solo se estaria garantizando un derecho positivo, a poseer algo sin indicar el como, convirtiendo a la norma fundamental en mera demagogia constitucional. De ahi la raiz de la disputa: el deseo de “consensuar” el articulo ha conspirado con la identidad del mismo; mezclando el orden estrictamente legal-realista del derecho con uno más politico-ideologico como la facultad de exigir cosas aun cuando no se sepa cómo. Pero consensuar no implica mero eclecticismo o sincretismo demagogico. Una cosa es el derecho como garatiza de la cosa poseida y otra distinta, la posibilidad de obtenerla. Por eso las constituciones deben ser minimas, huyendo del reglamentarismo y explicitacion innecesaria: para eso esta la ley, o los vaivenes legislativos y judiciales. Para eso esta la tarea de pensar aunque a estar por lo que se discute, pareceria que el ser humano es un animal afectivo o sentimental o bien ideologico.

Mario Ramos-Reyes

REPUBLICA: REALIDAD, NO CONSENSO

Existe una pretensión que nos viene del iluminismo que afirma que basta pensar racionalmente algunos de los problemas sociales o políticos, por ejemplo, pobreza, desempleo o bien la distribución del poder, para que éstos se resuelvan, y con ello - casi como por añadidura - se resolverian los problemas de corrupción, morales. La idea racionalista ha sido entonces la de de que la superación de los problemas “imateriales” de una sociedad - ideales, valores etc - supondrian y segurian a la de los “materiales.” En cualquier caso, la ética, como actividad inmaterial si se quiere, se convertiría así en un quehacer exclusivamente de intelecto.

Esta postura, a pesar de ser aparentemente lógica - ciudadanos satisfechos materialmente se comportarán admirable, moralmente bien - no lo es tanto. Basta para ello, preguntarse las razones de ciudadanos o politicos que, aunque materialmente exitosos, continúan en el hecho de la corrupción. O vice versa, ciudadanos de precarios medios, tratando, a pesar de ello, de vivir la justicia o la misericordia. Existen dos razones; el primer lugar, la ética es una cuestión de voluntad no de intelecto; de querer hacer el bien, la justicia, etc, y no solo de saberlo. Recuérdese aquello de San Pablo de hacer lo que uno no quiere en vez de y no hacer lo que se debe. En segundo lugar, y atiéndase bien a esto, los actos de querer hacer el bien - actos éticos - no se “arriban” por acuerdos sino que es dada.

¿Que queiere decir ésto? Significa que la ética entraña una serie de hábitos que nacen de realidades donadas - el hecho de la naturaleza humana que tiene sed, apetito de felicidad, de bien, de justicia, realidades no pensadas o creadas racionalmente. Una sociedad no se pone de acuerdo para decidir si es moralmente lícito el crimen o el robo. Son hechos inmorales y punto. Aunque, es cierto, se podrían dar casos de acuerdos racional-éticos que deriven en conductas no sólo irracionales sino, paradógicamente, no éticas. Piénsese o no en aquellos eufemismos ideológicos de una “moral” del partido o revolucionaria o la que obliga a un seguimiento al ejemplo “moral” del caudillo a pedido de las mayorías.

Todo esto acarrea un principio fundamental: no existe consenso en lo ético, la ética no es cuestión de acuerdos o de números. No existe ética democrática propiamente dicha aunque la democracia como tal necesite de sus fundamentos. La dignidad del ser humano como corazón del fundamento ético no es cuestión de votos ni de mayorias sino simplemente es tal. Esto conlleva a una conclusión fundamental para el concepto de república que venimos proponiendo: la experiencia republicana - de ser parte de una república - asi como la ética no requiere un acuerdo consensual sino la aceptación de una experiencia común, la de que somos seres humanos que conviven en una comunidad que les ha sido dada con mayorías y minorías, una poblacion diversa. La aceptación o no de las minorías, por ejemplo, en una república no debe ser una cuestión de acuerdos sino dada, de principio si el sistema pretende ser humano.

No obstante, dicha realidad puede rechazarse, podemos marginar o sobrepasar el querer de los menos por el voto de las mayorias - el democratismo o populismo - justificados en ideologias presundamente racionales. De eso no cabe duda. Pero de nuevo, ahi está el valor de nuestra posición: no basta pensar racionalmente los problemas para solucionarlos o incluso justificarlos. La realidad de de una república como el ethos de su sujeto histórico no se inventa, no es producto de consensos: están ahí, experiencialmente, a menos que hagamos violencia a la realidad, que no respetemos la libertad de los ciudadanos. ¿Acaso no ha sido precisamente ese el caso de lo que ocurrido con la pretension ilumnista que mencionamos al principio, la de crear paraisos ideologicos “racionales” en la tierra, que a la postre resultaron mas infiernos - como diria Popper - que otra cosa?

Mario Ramos-Reyes

Nandeva - Center for the Education of the Heart

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